Significado

“-No me gusta la forma, se ve muy picuda”, exclamó un sabio docente con vasta experiencia en proporciones áureas y configuración estética del objeto, mientras recita la prosa “- síguele bocetando y me traes a revisión”; la decadencia moderna en la docencia de diseño industrial.

 

Los nuevos estudiantes llegan a la universidad con la intención de evolucionar esa creatividad inherente que desarrollaron en la infancia muchas veces aplaudida y una que otra vez recompensada, a través materias curriculares que en cuestión de tiempo los convertirían en el próximo Steve Jobs. Sin embargo, es costumbre que en el trayecto empiecen a perder su sentido innato creativo y comiencen a forzar la innovación a través del aprendizaje de softwares, que, si bien ayudan en la visualización final del objeto, sin principios fundamentales compromete el sentido simbólico meramente a la necesidad práctica del diseñador, lo que provoca la llamada desvalorización de la profesión que hace del diseño un proceso superficial.

 

Es así como los alumnos, bajo el cobijo de profesores cuya interpretación semiótica se encuentra enterrada bajo los escombros del pragmatismo erróneo infundado por los requerimientos de la sociedad, comienzan a limitar su propia expresión y lenguaje a proyectos carentes de significado, mismos que justifican a través de un cuaderno lleno de bocetos y renderizados hiper realistas, aprobados y avalados por el colectivo que se ha devaluado gracias a la marcada tendencia del modelo social de generar profesionales a como dé lugar, bajo cualquier condición y sin un estándar claro.

 

El diseño vale por conocimientos y objetivos que como profesional sabe, investiga, entiende y en su experiencia ha concretado; Cada pieza resulta del proceso mediante el cual el diseñador expresa la búsqueda a la solución de un problema claramente diagnosticado. Sin embargo, el campo seudo-profesional que busca engrandecer a pequeñas mentes exhibidas en grandes pedestales, sigue enfrascado en el criterio de lo “novedoso” y es justificada desde la autocomplacencia, el aplauso y el reflector, en una presentación bellamente ilustrada bajo el formato 90×60, requerida por el mismo colectivo y que tristemente resulta ser lo más valioso de si trabajo.

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